domingo, 20 de diciembre de 2009

La conciencia verde, un negocio rentable

Los 8,2 billones de euros que costará la transformación energética logró que más de una compañía comenzara a hacer también suyo el discurso ecologista
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Jim Rogers preside Duke Energy, tercera compañía eléctrica de EE.UU. y tercera empresa más contaminante del país y duodécima del mundo.
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Uno no esperaría encontrarlo en los pasillos de la cumbre del clima, entre ecologistas que piden reducir el CO2 drásticamente.
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Pero aquí está.
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"Si nuestra empresa fuera un país, seríamos el 41° en emisiones", explica, pero no parece orgulloso de ello.
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Rogers está convencido de que eso va a cambiar y quiere estar en la línea de salida: "Planificamos las inversiones contando con que habrá un tratado internacional en Copenhague y comercio de emisiones.
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Cuanto antes tengamos ese acuerdo y las señales claras, mejor, porque la transición a una economía baja en carbono no va a ser sencilla ni barata".
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Rogers -pelo blanco y ademanes de empresario poderoso, de los que no necesitan demostrarlo- cuenta que el día anterior estuvo con Obama y que le refrendó su compromiso
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La lucha contra el cambio climático comienza en serio y mueve mucho dinero.
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La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que en la revolución energética y del transporte necesaria para limitar las emisiones al nivel que busca la cumbre habría que invertir 8,2 billones de euros
(no es una mala traducción del billionanglosajón)
entre 2010 y 2030.
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Y la carrera ya ha empezado.
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Los empresarios no tienen una única voz.
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Primero, la mayoría de ellos se oponía a Kyoto, pero ahora ya se vislumbran los grupos de ganadores y de perdedores.
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La publicidad de los primeros ha invadido Copenhague.
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A la puerta de la cumbre, Vestas (la empresa danesa que ha colocado uno de cada tres aerogeneradores en el mundo) ha plantado un gran molino; en el Metro aparece la publicidad de Acciona; Siemens ha bautizado la ciudad como "Hopenhagen" y el lema se lee en cada esquina, sobre imágenes de sus trenes de alta velocidad.
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Renault ha alquilado un conocido café en el centro y lo ha llenado de coches eléctricos, Honda patrocina la conferencia.
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El catedrático y experto en economía del cambio climático, Xavier Labandeira, cita entre los segundos a "aquellos que no se pueden adaptar ante un nuevo escenario o con poca capacidad de adaptación, como la industria del petróleo, el carbón o la aviación", aunque a medio plazo la tecnología pueda ayudarlos.
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No se ven en Copenhague petroleras, aerolíneas o cementeras.
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El negocio de la energía limpia, con 630.000 millones de euros en 2007, supera ya al farmacéutico y será el tercer sector industrial en 2020, según un informe de WWF presentado en la cumbre.
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Entre 2000 y 2008, el mercado eólico creció un 24% al año y el solar un 53%.
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"El sector eólico mundial creció un 10% en 2008.
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Lo reto a que encuentre un sector industrial que haya crecido tanto en el peor entorno de financiación", clama el secretario general de la patronal mundial eólica, Steve Sawyer.
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El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, participó el viernes último en Copenhague en un foro paralelo de empresarios.
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En un céntrico hotel explicó lo que espera de la cumbre:
"Que haya un compromiso firme de todas las naciones.
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La única manera de bajar las emisiones es que cueste.
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Que la basura que emitimos cueste como lo hace la materia prima".
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Galán se ve en el bando ganador:
"Cuando llegué a Iberdrola, en 2001, apostamos por las renovables y el gas mientras otros se empeñaron en seguir con su negocio tradicional.
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Y si a alguien le sirve nuestro ejemplo, éramos la decimocuarta empresa del mundo por capitalización y hoy, la quinta.
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Eramos 9000 personas y hoy 33.000, e Iberdrola Renovables vale en la Bolsa casi tanto como Repsol".
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Philippe Joubert, presidente de Alstom Power, compañía líder en captura y almacenamiento de CO2 y en fabricación de equipos para nucleares, coincide.
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"Será un negocio para algunas empresas, como la nuestra, pero otras perderán.
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Hay ejemplos célebres en la industria del automóvil de fabricantes de coches demasiado grandes que consumen demasiado y que no se venden´, en alusión a la quebrada industria de EE.UU.
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El esquema de estos empresarios es claro: el CO2 y la energía van a costar más.
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Quien tenga la tecnología para emitir menos, ganará más que quien contamine.
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"El costo de la energía va a subir, por supuesto.
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Lo que habrá que tener en cuenta es que va a haber que producirla limpiamente", señala Joubert.
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Y el sector del automóvil se ha embarcado en la carrera de los coches eléctricos.
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Renault, con 2000 personas empleadas con Nissan en su programa eléctrico, está a la cabeza:
"Queremos hacer con los eléctricos lo que Toyota hizo con los híbridos", explica uno de los responsables de desarrollo del equipo, Jean Yve Stineau.
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La presencia de empresas ha molestado a grupúsculos ecologistas.
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"Es nuestro clima, no sus intereses", fue el lema de una marcha no autorizada el viernes último en la que fueron detenidas unas 70 personas.
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Muchos de ellos creen que los empresarios les roban el discurso y se envuelven en la bandera verde pese a que realmente no creen en ella.
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COPENHAGUE
Rafael Méndez
EL PAIS
© LA NACION

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